
Los consumos problemáticos constituyen una problemática de creciente relevancia en el ámbito social, educativo y sanitario, que debe comprenderse desde un enfoque multidimensional. Esta perspectiva integra dimensiones subjetivas, sociales, comunitarias y culturales, permitiendo reconocer la complejidad del fenómeno y la necesidad de abordajes integrales, interdisciplinarios e interinstitucionales.
Por ello, resulta indispensable que las estrategias preventivas y de acompañamiento se sustenten en la construcción de vínculos respetuosos, sostenidos y coherentes, reconociendo que los procesos son dinámicos y no lineales.
Asimismo, la evidencia reciente muestra que los espacios comunitarios que incorporan actividades educativas, recreativas, deportivas, artísticas y socio productivas constituyen entornos protectores que favorecen la inclusión social, fortalecen la autoestima y promueven la construcción de proyectos de vida.
Desde una perspectiva de derechos humanos, resulta imprescindible superar las prácticas de estigmatización y criminalización, asegurando que las políticas públicas garanticen condiciones de vida digna y acceso a salud, educación, vivienda y trabajo. Tal como lo establece la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657, el abordaje de los consumos problemáticos debe garantizar inclusión y cuidado integral.
La educación y el deporte se reconocen como ejes estratégicos de la prevención. La escuela es un espacio privilegiado para la construcción de vínculos significativos y el desarrollo de competencias socioemocionales; mientras que el deporte aporta pertenencia, cohesión social y promoción del autocuidado. En línea con lo señalado por la OPS (2021) y la OMS (2022), los programas que integran actividad física, participación comunitaria y educación emocional generan impactos positivos en la reducción del consumo temprano y en la promoción de la salud mental.
Asimismo, resulta necesario inscribir este abordaje en la Ley de Educación Nacional N° 26.206, que establece el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad, reconociendo a la escuela como un espacio estratégico para la prevención, la construcción de ciudadanía y la promoción de la salud integral. Del mismo modo, la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657 refuerza la importancia de los abordajes integrales, comunitarios y con perspectiva de derechos humanos, evitando prácticas de estigmatización. Este Congreso se propone como espacio para reflexionar y construir estrategias de prevención con arraigo en la realidad local, potenciando la articulación entre escuela, salud, deporte y comunidad.